Mandanga puede ser una palabra
tan poética como incertidumbre,
melancolía o espejo,
sobre todo si la dice José Daniel
mirando la punta de su zapato.
*Mandanga: -Flama, pachorra.
-Marihuana.
-Tonterías o cuentos.
Para entender-me y reinterpretar-me

Pablo Milanés, Joan Manuel Serrat o Daniel Viglietti, entro otros muchos, lo han cantado; Eliseo Subiela convirtió sus poemas en fotogramas en las dos partes de 'El lado oscuro del corazón', y muchos de nosotros lo hemos celebrado, recitado y leído muchos de sus ochentaitantos libros. De él se han dicho muchas cosas buenas y malas. De entre las buenas, las palabras que para él tuvo José Saramago al entregarle el VIII 'Premio Reina Sofía' en 1999. De entre las malas, las de escritor uruguayo Daniel Torres Fierro, que lo acusó de demagogo por denunciar las injusticias sociales o por su adhesión al lector, pero eso, ¿no es más bien ser una persona comprometida? A Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti Farugia
(Paso de los Toros 1920-Montevideo 2009), se le conoce, fundamentalmente, por su obra en prosa y, en especial, por 'La Tregua' (1960) éxito editorial, cosa que, según Mario Paoletti (biógrafo del poeta), molestó un poco a Benedetti porque a él la obra no le pareció para tanto. Él amaba la poesía y que premiaran de esa manera su prosa le produjo cierto desconcierto. De ahí que, al recibir el 'Premio Reina Sofía' se sintiera "especialmente contento porque se trata de un premio a mi poesía, que es el género que más me gusta".Como le sucede a él, a los que admiramos a Benedetti, preferimos ante todo su poesía, esa capacidad de reflexión que tiene a partir de las cosas pequeñas de cada día, su fina ironía a la hora de señalar con el dedo las injusticias, su convicción a la hora de criticar a los asesinos-genocidas de esperanzas, su humor sobre todo y para todo, durante los encuentros y desencuentros con el exilio, pero más su capacidad para conectar con nosotros, sus lectores, con esa lengua de aparente sencillez, que no es más que una buena obra de ingeniería poética, en donde su buen acabado nos enconde la dificultad.
Al pobre Mario, desde que se le fue Luz, su compañera, su esposa, su amiga, en 2006, se le hizo cuesta arriba seguir caminando solo, porque se dio cuenta que esos mas de 60 años de buen amor (como dice en uno de sus últimos poemarios) fueron más allá, no de la muerte, como decía Quevedo, sino de la vida.
La pena que me ha quedado es que no aguantó lo necesario(o no fuimos lo suficientemente justos) para recibir el 'Premio Cervantes' que mereció durante su vida. No sólo por su extensa y excelente obra literaria, sino también por su honestidad como persona. Un abrazo Mario. Chau.

Escritor, actor, pensador y sobre todo observador. Óscar, un chico de 22 años, es una de esas personas que recuerdan a las generaciones de antaño: espigado, rubio de ojos claros y muy caballeroso. Siempre le ha gustado pensar que ha nacido en una época equivocada en donde los caballos se han transformado en motos y los carros en automóviles. Bohemio y melancólico, gusta de pasear solo, para pensar, con su andar arquitrabado y al ritmo de un cigarro. Más que orador es observador, siempre que le hablas (ya sea algo más o menos importante) fija sus ojos ávidos de conocimiento en los tuyos como si fuera a poner por escrito cada una de tus palabras.
Este chico que empezó estudiando filosofía (hasta tercero) decidió abandonarla para emprender un emocionante viaje: el teatro. Frente a lo que sucede en la actualidad en casi todos los ámbitos, los jóvenes parecen tenerlo más difícil, aunque a él no le importa: quiere hacer teatro, ya sea en el Reina Sofía, en el Romea o en un simple aula, ganas no le faltan. Es la hora, sentados en el claustro de la universidad, Óscar me mira y sonríe. Mientras, su mirada parece preguntarme el porqué de una entrevista a un cualquiera, yo le devuelvo la mirada y le contesto que no hace falta ser famoso para enseñar, volvemos a sonreír y por fin comenzamos.
“Me veo perdido en esta época”. Nada más lejos de la realidad, Óscar Gallego, un joven de 22 años, dice que se siente desorientado. La sociedad para él ha cambiado y cambio no tiene porque ser siempre para mejor. Y es que él echa de menos la pureza de entonces, aquella vida que los clásicos pusieron por escrito: Shakespeare, Lope, Calderón y tantos otros. Le gustaría poder cambiarla porque no está de acuerdo con casi nada, aunque también advierte humildemente que “supongo que es un poco atrevido decir eso, y sería más original y más bonito intentar poner lo medios para intentar cambiarla”. Después con la sencillez y sinceridad que le caracterizan intenta reflexionar acerca de los medios, en busca de soluciones, y es que en verdad de eso se trata de movilizarse, de hacer uso de la libertad, de cambiar a mejor: “lo primero del cambio debería estar en el pensamiento de la persona y no en las leyes y otras cosas que mueven esta sociedad. Es la persona la que debe cambiar y es no está en mis manos, ni en las tuyas, ni en las de un gobierno, sino en cada uno”. Así de sencillo pero sin vacilar ni un solo momento Oscar piensa en voz alta y yo atentamente le escucho.
Su gran afición es el teatro, aunque reconoce que tiene otras como escribir, escuchar música o ver buen cine. Pero, internamente yo me preguntaba cómo era posible compaginarlo todo y además tirar para adelante, una vez más, me dio el secreto: “mi amor y mi afición por la escritura son tan grandes que saco tiempo de donde realmente no hay: escribo en ratos libres que tengo entre clase y clase, e incluso cuando salgo por la noche a tomar algo con los amigos, no me desagrada tener un boli y un papel en la mano y escribir en cualquier cafetería o bar”. Vamos que cualquier sitio es bueno si la intención es buena y la voluntad fuerte. La Región de Murcia, siempre ha sido muy agradecida en cuanto a asistencia al teatro y sin embargo, parece fallar algo porque Óscar lo ve “mal, sinceramente muy mal”. Algo falla. “Yo estoy conociendo y conozco a gente con muchas posibilidades, gente joven que tiene ganas y puede llegar lejos, pero claro, los medios aquí en Murcia son muy pequeños y limitados para la inmensa afición que hay para el teatro”.
Mientras seguimos hablando reconoce que la literatura y la practica de ella, le ha marcado y cambiado, “belleza, desarraigo, dolor, amor, indiferencia. Es una de las cosas más bonitas que pueden haber en este mundo, aunque es desaprovechada” .
Pese abandonar la filosofía en favor del teatro, ésta le ha marcado hondamente, y es que su forma de hablar, e incluso de pensar, parece estar pulida por algo, por una mano solidaria y acogedora, en donde todos pueden asirse: “me ha ayudado a comparar puntos de vista de otras personas y a entender un poco mejor esta vida que nos envuelve”. Como a mí me gusta calificarlo: escritor, actor y pensador, Óscar Gallego es ferviente seguidor del escritor libanés Gibran Jalil Gibran, al que muchos desconocen. Una vez me recomendó un librito de cincuenta páginas de este autor, no pensé en leerlo, pero al final accedí y la verdad es que mereció la pena: “partiendo de la premisa del gran Gibran de que sí existe Dios, creo que deberíamos de empezar por conocernos a nosotros mismos, porque un conocimiento total del ser humano, del ente, podría abrirnos paso en ese difícil camino de conocer a Dios”. Así de claro nos habla el protagonista. Él piensa que primero debemos comprendernos a nosotros mismos, que estamos en contacto y después y si existe, buscar a Dios: “supongo que si existiera Dios, no permitiría que se levantara cada mañana un niño en el mundo sin un trozo de pan que llevarse a la boca”.
Por último y después de haber hecho un viaje por la política, la metafísica, el teatro y la literatura, había que volver al principio, a él. Alguien que en tan poco tiempo ha conseguido a base de esfuerzo tantas cosas, debe de tener las ideas claras, y nuestro protagonista en mi opinión las tiene: “En primer lugar el teatro, ese cosquilleo emocional que me produce poder subir a un escenario, es algo que me gustaría tener durante toda mi vida...; me gustaría también que la escritura siguiera en mí hasta el final de mis días y sobre todo la observación, el no desentenderme de las cosas que ocurren a mí alrededor”. Teatro y realidad, presente y mucho futuro, y sobre todo ideas claras, así es el personaje que he escogido: no por su fama, que no la tiene (fuera de las fronteras del día a día), ni por ser alguien especial que desprenda un áurea de sabiduría y tranquilidad. Simplemente lo escogí por ser un tipo sencillo, con el que se puede hablar, de tú a tu, de temas trascendentales, y todo ello sin necesidad de pagar un duro.
