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jueves, 14 de julio de 2011

CÍRCULOS CONCÉNTRICOS

Todo lo que sucede en el tiempo, gira en torno a nosotros formando un infinito número de círculos concéntricos: círculos que se abren y se cierran, círculos que se pierden en el tiempo y que, por azar, buscan el punto del que partieron para completar su ciclo.

Durante la vida, muchos han visto el camino como una sucesión infinita de puntos unidos entre sí por el recuerdo. Yo prefiero verlo como una suerte de círculos concéntricos conectados entre sí: círculos sin un radio de tiempo definido, círculos que se besan en alguno de sus puntos y que, en su trayectoria, forman un solo círculo mayor abierto al nacer, cerrado al morir.

La diferencia es bien sencilla. Mientras los puntos se cruzan, los círculos se recorren. Se dibujan en el tiempo con la finalidad de ser acabados, porque incompletos se convierten en algo pendiente, en un recuerdo detenido en la memoria en busca de final.

Los círculos concéntricos que dejamos un día abiertos, se enredan en el recuerdo formando una madeja de sentimientos en busca de lenguaje, como una lluvia de verano interminable que buscara con ansia, el cauce en el que viajar sin retorno, al mar en calma donde nacieron las palabras del deseo.

viernes, 8 de julio de 2011

COOLTURA



Una persona a mi lado, perfilada barba y un estilo burgués muy marcado, habla de no sé qué problemas con no sé qué dinero y el humo de su cigarro me dice que miente. Podría ser el responsable de que alguno de estos versos aparecieran por fin en un libro, pero en vez de interesarse por mi poesía habla de no sé qué problemas con no sé que dinero.


Yo me afano por sacar libreta y pluma para que vea que soy prólijo, para atraer su atención de cazatalentos o simplemente para cederle gustoso mi cenicero y deje de llenar el suelo con sus colillas de tabaco negro. Pero es inútil.


Un joven escribiendo cualquier cosa en la cafetería de un centro comercial atrae la atención de todos los que no están interesados en lo que escribo. Me miran horrorizados y de sus miradas curiosas descifro esa sensacion de pena y comprensión que generan los pacientes de un psiquiátrico.


Sin mirarme se levanta, "cóbrame lo de la mesa", dice, y se va. Yo lo miro alejarse como a los trenes que parten de madrugada con algo nuestro en su esqueleto de metal y compruebo resignado que todo seguirá siendo igual mañana. El próximo año vuelvo a presentarme al Creajoven.

jueves, 25 de febrero de 2010

COMIENZO DE UNA NOVELA SIN NOMBRE


¿Lo de siempre? Sí, con hielo. Los bares en los que nos hacemos hombres sin saberlo nunca cambian con el tiempo. Nosotros, por mucho que nos esforcemos en vernos igual en el espejo, sí. Pero, como siempre, nuestra perspectiva temporal de las cosas no nos permite asimilar que somos más tristes, menos confiados, más viejos. Eso y el maldito presentismo que lo invade todo.

Fran, como siempre, fue el primero en avisarnos de que la vida no es exactamente correlato del deseo. Él abandonó mucho antes que nosotros la rutina de bibliotecas y jueves universitarios para salir al mundo a pelear por un sueño. Utilizo pelear, un término bastante belicista, porque al contrario de lo que se piensa durante la burbuja universitaria, los sueños no se formulan al soplar una vela o chocar unos vasos, hay que agarrarlos de la pechera hasta hacerlos entrar en razón.

Él siempre fue el visionario del grupo, una especie de Coco Chanel y Che Guevara al mismo tiempo que nos adelantó la música que escucharíamos en el futuro, la ropa que acabaríamos por comprar y las mujeres que terminaríamos amando. En mi caso, hasta el extremo. Fue puliéndome como una roca de río hasta convertirme en canto rodado, en atrapasueños convencido de su delirio. Y cuando se fue a Madrid me dejó como un gato callejero a medio enseñar, ronroneando a la luna por ver si me lanzaba un beso.

Se fue hace ahora tres años y su vacío se fue poblando inevitablemente de las luces y sombras que va proyectando en nosotros la vida. Escribo esto mientras lo espero en Zalacaín con mi café de siempre. Sé que no aprobaría estas líneas si las viera antes de nacer. Las encontraría exageradas. Pero nunca me ha interesado contar la verdad, eso es una altanería.

Lo único que deseo con este ejercicio es dejarme mecer mansamente por el
recuerdo hasta encontrarle su mejor sabor,.Como hacíamos con las botellas de ron en las noches solapadas, cuando utilizábamos su cristal de lente para ver mejor la vida. ¿Qué pasa tío? Dame un abrazo y ponle otro a mi amigo.

miércoles, 10 de febrero de 2010

LAS CHICAS BIS


Presumen de ser las chicas que más veces han visto actuar a Quique Gónzalez y también las que más han rechazado sus servicios de alcoba. Eran adolescentes en los 80, esos años que ahora resurgen con fuerza al cumplirse las tres décadas del origen de la Movida, y aunque "no se vean diferentes al resto de mujeres de su generación", lo son, porque fueron las primeras en poder dormir fuera de casa y beber y fumar como los chicos (o incluso más).

Tienen 35 pero bien podrían tener 28 porque se conservan tan bien que los jóvenes se siguen girando cuando se cruzan con ellas por la calle. Solteras todas hasta hace muy poco son una mezcla entre Sexo en Nueva York y La Casa de la pradera, entre el trikini y el bañador de una pieza, bellas contradicciones que las hacen ingenuas y peligrosas al mismo tiempo.

Son profesoras, fisiterapeutas, auxiliares administrativas, contables, a veces deportistas, y hay quien se atreve de vez en cuando con el folio en blanco. Buscan trabajos que les dejen el suficientemente tiempo libre para vivir, porque el trabajo no es su fin sino un medio que le permita las cenas de los miércoles, las copas de los viernes, las paellas de los domingos y alguna escapada vinícola de fin de semana.

Son muy diferentes todas y sin embargo, o quizá por eso, se mantienen unidas como un sólo corazón lleno de ventrículos, de habitaciones separadas pero desde las que se pueden oir sus pensamientos. Son la herencia viva de los años 80 para los que no los pudimos vivir como hubiéramos querido. Por favor, si las ven, cuídenlas, son parte de nuestro patrimonio y están catalogadas como BIS (Bien de Interés Sentimental).