lunes, 8 de febrero de 2010

CASTROMARINO 35



Esta tierra que me besa con recelo

me cambia las verdades aprendidas,

y en su lugar, el sueño a la mañana,

deja en la mesita de noche
versos vacíos,
chispazos de luz inconexos
sin una dirección definida.
Yo los sigo sin miedo

como cuando niño en la ribera del río,

pero al final de la senda, junto al cañaveral
alfombrado de amarillo,

sólo fotos antiguas de papel arrugado.
No dicen nada sus imágenes,

aunque las encuentro bellas.

Y en vez de volver, conservando así
un precioso pedazo de tiempo,

me entretengo en sus colores,

descifrando los rostros que adivino

en el silencio.

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