Tras escuchar sin parpadear las previsiones meteorológicas de La1, que dan para hacer el amor, para pelearse sin motivo aparente e incluso para reconciliarse después, entendí que pedir perdón o perdonar es un ejercicio parecido al movimiento de las isobaras: cuando las altas presiones llegan al sur de las bocas un frente frío acaba entrando siempre por las palmas de las manos.
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